Un día típico conduciendo autobús en Alemania: mi rutina real
Mucha gente me pregunta cómo es mi día a día trabajando de conductora. La imagen que tienen de este trabajo suele ser o muy romántica o muy gris. La realidad es más mundana: es un trabajo con sus rutinas, sus sorpresas y sus momentos de satisfacción inesperada.
Antes de subir al autobús
Dependiendo del turno, el día empieza entre las cinco de la mañana y el mediodía. Lo primero es revisar el vehículo: neumáticos, luces, frenos, nivel de líquidos, estado general. Esto en Alemania es obligatorio y se documenta. Después recojo el diario de servicio y consulto las incidencias de la jornada anterior si las hay.
Durante el servicio
Las líneas que cubro son regionales, así que paso por varios municipios pequeños del entorno de Sinzig y Koblenz. Los pasajeros habituales ya me conocen, saludan al subir y se despiden al bajar. Eso al principio me sorprendió gratamente, en España el autobús urbano no suele tener esa cercanía.
- Los tiempos de conducción están estrictamente regulados: máximo 4,5 horas seguidas antes de una pausa.
- Las pausas están programadas en el horario y deben respetarse.
- Si hay retraso, se comunica a control y se sigue el protocolo.
- La interacción con los pasajeros es continua: preguntas, validación de billetes, incidencias.
Al terminar
Al acabar el turno se deja el vehículo en el punto asignado, se entrega la documentación y se registra la salida. Si ha habido algún incidente, se rellena el parte correspondiente. Todo queda registrado.
Lo que más me gusta de este trabajo es que cuando cierras la puerta del autobús al acabar, el trabajo se queda dentro. No me llevo preocupaciones a casa. Eso, después de años en otros trabajos, es un lujo que no me canso de valorar.
